martes, 25 de mayo de 2010

Y tu .... autenticas o solo tradicionas





Auténtico y tradicional. Estos son los dos términos que aun siendo genéricos, mas se han adaptado a la gastronomía, y sobados hasta el abuso entre profesionales de la industria, pseudo-gastrónomos (bueno y sin pseudo) y hasta cocinillas varios, cuando quieren dar valor o propiedad a una preparación culinaria, sin entrar en mas explicaciones o debates de racionalidad tangible.

A mi, nadie me puede convencer que existe una auténtica receta. Qué pasa? Que todos los habitantes de esa región cocinaban igual? Pues entonces no veo la riqueza de la gastronomía por ningún lado. Además auténtica, de qué? No creo que el País Vasco tuviera la exclusiva de plantar el perejil para hacer la salsa verde, ni que solo en Asturias tuvieran la brillante idea de echarle los avíos de la matanza a las alubias. O en La Mancha echarle al agua pan y ajo, o en Cataluña añadirle frutos secos a la salsa de tomate. Ni siquiera que a los indios sudamericanos no se le ocurriera por casualidad echarle un güevo a unas patatas antes de que llegara por allí Colón. En mi tierra se cocina diferente una misma receta en un radio de 50 kilómetros, por tanto no puede hablarse de auténtica, y por eso no dejo de sentirme identificado con esa gastronomía.

Parece que en esta época gastronómica que nos ha tocado vivir, la palabra auténtico se ha convertido en el antónimo de calidad y de las cosas bien hechas. Nos venden cualquier bazofia precocinada o nos inundan de inauditas franquicias regionales bajo el amparo de lo auténtico. También, como no para sacar a el rancio independentista que algunos llevan dentro, y bajo el paraguas de lo auténtico dar una identidad culinaria regional que se desangra con el avance de la comida rápida.

Mucho han influido  todos aquellos cocineros que presentan sus cocinas "aunando la auténtica cocina tradicional con toques de modernidad", que como si fuera una fotocopia, mas de la mitad de los negocios hosteleros se dedican a esta variante, prostituyendo a su antojo la cocina de supervivencia de nuestros antepasados. Venga ya hombreeeeeee!!!

Pd. Me retraso algo con los post porque con esto de la crisis estoy mas liado que Zapatero en sus dos tardes aprendiendo economía.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Mas cornás da el hambre


No seré yo quien lo rebata, pero me he cansao de escuchar que la patata quitó mucho hambre, claro, eso es porque aún no conocían el ultrafamoso pack de 7 salchichas de franfu. Tampoco me imagino yo al paisano Pizarro trayendo del Nuevo Mundo unos cuantos pack de salchichas en una bolsa de rafia y explicándole a Carlos, que aquellas piltrafillas debían de comerse con ketchup y mostaza ….

Y es que esos 170 grs. de masa desconocida con mas colágeno que los labios de Carmen de Mairena, son los que realmente quitan el hambre de nuestra sociedad actual, sin pararnos a pensar si realmente nos estamos alimentando o simplemente saciando. Tan solo pensamos en los 40 céntimos del paquete, que con chorrete de ketchup/mostaza y una rebanada de pan de molde, son unos 50 cts. y que ya hemos comido. ¡ Valiente mierda de comida !

Yo le he retirado el saludo a un conocido porque iba a comprarlas a un supermercado de descuento duro, porque las de allí estaban mas ricas y a su hijo le encantaban ….. ¿ ricas ? ¿ hijo ?, ….. pedazo de cabrón !, están ricas para ti, que te ahorras cuatro perras dándole a tu hijo una “comida” que jamás te la hubieran dado tus padres.

Son omnipresentes, abres cualquier frigorífico y allí, haciendo pila y llenando hueco, las ves pavoneándose tal Belén Esteban haciendo gala de su zote intelecto. Vas a un bar y como pincho gratuito de la casa, te las ponen con mucho tomate y cortadas al modo eunuco ¡ eso, que abulten !. En los menús del día, no faltarán en tu arroz a la cubana, spaguetis de la casa, espinacas con tropezones o mismamente en la sopa castellana ¡qué coño!. Tanto es así, que tienen hasta su propio plan de adelgazamiento: “La dieta de la salchicha. La chupas pero no te la comes”. Es mas, los sillones de la Real Academia de la Gastronomía, en vez de letras tiene los nombres de alimentos, y por supuesto uno de ellos es el “Salchicha Franfu Minúscula”.

Ya las diferentes versiones de tamaño, sabores, colores, rellenos varios, envases o cocciones, no dejan de ser prostituciones divertidas de los fabricantes, para crearnos un submundo salchicheril donde podamos vernos reflejados de nuestra propia vida real, de espinacas para véganos aun no convencidos, de jamón para gourmets, las XXXL para tragones/as, ……