martes, 20 de julio de 2010

La bayeta ... vuelta y vuelta, porfavó

¡Míralo que limpio es!  Este es uno de los piropos que se vierte sobre Carlos Arguiñano o en su defecto, sobre todo aquel trabajador hostelero, que armado de una bayeta húmeda y cual prolongación de su brazo, limpia con desmesurado frenesí aquello que se ponga en su medio.

Si es en la barra, limpia la gotita de agua, la del café y las migajillas de la tostada, las anillas de las cañas, el cerco del vino, la gota de gelatina de los callos con tomate y la del aceite de los boquerones en vinagre, vuelve con las lágrimas negras del café, los azucarados chorreones de licor y por supuesto las de las burbujeantes cocacolas. Y ….. una pasadita por debajo el grifo, medio apretón y la deja descansar sobre el calor del lavavajillas….

No mejor suerte corre la bayeta que presta servicio en la cocina, pues se enfrenta a los jugos de la tabla de corte una vez por allí ha pasado pescado, pollo, ternera y otra vez pescado, pero no después que estuvieran la cebolla, el pimiento, el ajo y el mismísimo tomate caldoso. Es tan aguerrida que se adentra en el horno ya sea como ayuda para sacar algo del interior como para limpiarlo, de enfrentarse al fuego del quemador o a los juguillos que durante días dejan los alimentos en las cámaras, sin dejar de mirar cara a cara a la plancha tostadora. Y …. una pasadita por debajo el grifo, medio apretón y la deja descansar sobre el fregadero ….

Estoy seguro, que si esta bayeta le metes unas lascas de queso al medio y una loncha de jamón, la pasas por huevo, pan y la fríes, te encuentras un sanjacobo que te hablaría de la auténtica identidad de la cocina. O si le haces unos dobladillos en si misma, y la marcas en la plancha sabrás que es eso de la mineralidad de las carnes curadas que tanto hablan los entendidos. Eso si no está totalmente desgarrada debido al uso, que en este caso se pueden hacer unas tiritas -tipo tagliatelle- y aderezarlas con aceite y vinagre, para descubrir la ensalada del chef.

Estos hosteleros taaaaaan pulcros, que seguramente no se dan ni cuenta, no dejan de ser unos talibanes de la bacteria, que generan cientos de mini-ataques de virus reblandecedores de heces a diario, con la mayor indulgencia sanitaria permitida. Nos acojonan con el anisakis y con el humo del tabaco, y nunca se paran en la "estercolis bayetarum". 
Les derivo a su mas íntimo enemigo que no son los inspectores de sanidad, como era de preveer, sino el mismísimo terror de los gérmenes, nuestro comandante Pato WC, que es donde realmente deberían de acabar sudando la gota gorda todos estos adláteres de la bayeta.
So guarros !!!!