Hace unos días comí en un restaurante de carretera, donde la sugerencia del día, era cocido, pero no un cocido cualquiera hecho con todos sus monumentos cárnicos a fuego lento en puchero o en su defecto en olla a presión, qué va!. El propietario del restaurante al ver que Zapatero, con toda la mala leche del mundo, había trazado la autovía lo mas lejos posible de su establecimiento, y el negocio había caído de forma estrepitosa, decidió actualizarse con ideas avanzadas. Pensó que la olla a presión era un invento arcaico, por lo que decidió utilizar la lavadora para crear un plato por el que fuera reconocido en toda la comarca, en el Mundo y parte del extranjero. “Cocido-Colada” le llamaba. No sé si el riesgo que ha corrido va a ser entendido por todos, pues estaba yo solo en un comedor de esos de bodas que entran 800 comensales sin apuros, pero hay que reconocerle su propuesta y su cocido con recuerdos de Mimosín.
Le comenté que el suyo era un movimiento tecnoemocional importante, a lo que me respondió que si, que entre lágrimas el técnico de la lavadora le había comentado algo de unos "importantes movimientos" que hacía la lavadora al centrifugar.