Nada que objetar a la acción emprendedora de la empresa, pero detesto la sola idea de sufrir por una comida, y el hecho de carecer de uno de los sentidos por voluntad propia -especialmente el de la vista- me parece una desafortunadísima opción, que me lleva a pensar que a ese negocio, casi que no le podríamos llamar restaurante, pues el principal concepto no es el deleite de la gastronomía, sino el de ocultar, jugar a los equívocos y aprovechar la ignorancia visual.
Ahora, que segura que para enseñarte la cuenta, bien que te encenderán la luz .....


Don Cojondongo, acaba de pasar usted al Olimpo de mis blogs de culto. Se jode.
ResponderEliminar