Hay un bar en mi barrio que prepara unas orejas con tomate que quitan el sentío. El hombre que mide cerca de los dos metros y pesa casi 150 kilos, también crea para el mismo, porque principalmente el desayuna todos los días un bocata de orejas con media frasca de tintorro. Por eso cuando las prepara , el piensa en lo buenas que han de quedarle para cuando las meta dentro de medio pan candeal. Por supuesto su deseo es compartir sus orejas, pues tienen una rentabilidad extraordinaria y el negocio ya no es lo que era. También le hincha de orgullo y satisfacción, que los parroquianos se las demanden pues de esta manera no tendrá que contratar a un cocinero extra que le prepare tostas de foie con vinagre caramelizado. Cuando le digo que el es tecnoemocional puro, se extraña y me dice que él nunca se emocionó con la música tecno.
Si no podéis esperar a los nueve restantes, pasad por aquí.

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