lunes, 29 de marzo de 2010

Mortaceitunas Gourmet


Yo sabía que acabaría siendo un gran gourmand, el día que me descubrí apartando la mortadela para comerme las aceitunas. Qué exquisitez!. A mi madre la llenaba de satisfacción que yo le pidiera la mortadela en tacos grandes y sin pan, -al fin y al cabo la crisis no es un invento actual-, hasta que descubrió que el perro engordaba a mayor ritmo que el mío.

Y es que fíjate tú que tontería, pero que bien pensada que está la mortadela con aceitunas, porque ahora todos la concebimos tal cual es, pero el primero que lo pensó, demostró una inteligencia fuera de toda duda, como para no meter las aceitunas con el hueso. Imagínate al charcutero del barrio con la sierra de calar ....

A mi no me gusta la mortadela, (o como se llame esa pasta de carne, grasaza y colágeno que se comercializa), ahora bien, las aceitunillas rellenas de mortadela, son puro vicio. Y eso si que es un alimento gourmet, porque es escaso y escogido, delicado, fino al paladar y tan costoso como que se necesitan 3 kilos de pasta para envolver unas cuantas aceitunas.

Yo he visto como la gente pide "100 gramitos" y en "lonchitas finas, porfa, ques para sangüichchch", y no he podido reprimir cierta congoja al saber que están desperdiciando su paladar e insultando mi inteligencia gourmetera. No solo porque se pierden uno de los mayores  manjares cotidianos, sino porque además lo mezclan con esa amalgama insípida llamada pan de molde.

Desde aquí hago un llamamiento a los "ingeniosos" fabricantes de aceitunas rellenas de anchoa, para que ni se les ocurra intentar imitarlas, seguro que darían al traste con una receta que no está al alcance de sus posibilidades, pues el verdadero secreto no está en rellenarlas y meterlas en un bote de agua salada, sino al igual que las pipas, entretenerse en prescindir del incomible exterior para centrarse en el rico interior.

Y es que producirlas en serie, y que sean de buena calidad, no debe de ser fácil. Sé de buena fuente y buena tinta, que ya han lo han intentado sembrando cerdos bajo los olivos, y hasta ahora, tan solo han conseguido esta mala copia.

lunes, 15 de marzo de 2010

Quítame allá esas ....migajas

La migaja es la unidad de menor tamaño de todo comestible que puede considerarse alimento. Se pueden clasificar según el número que posean, siendo en menor número unas migajillas,  para cuando están agrupadas en cantidad, pasar a ”ostia, como se ha puesto esto !”
Ni se crean ni se destruyen, se transforman y desplazan. Tú no sabes como (o si) y de repente, ya están allí. Si las intentas destruir mediante presión vertical con el dedo índice, tan solo conseguirás que se multipliquen y transformen en otras de menor tamaño, que se desplazarán allí por donde no puedas cogerlas, para que aparezcan cuando menos las esperas.

Mismamente uno de los errores de mayor gravedad y no por ello menos repetido, es aquel de por un “Uhmmm, que calentita…”, chascar el pico de la baguete recién comprada en el interior del coche. Esas migajillas que se reparten por los asientos, no volverán a salir jamás hasta que el coche no acabe con sus huesos en la fundición. Y ya verás como siempre, siempre, cada vez que busques una moneda caída, se te meterá la puñetera migajilla entre las uñas – con lo que eso duele-.

Una de las migajas mas traicioneras es la denominada “lapa”, que es aquella que se aposenta en la comisura de la boca y la luces allá por donde vayas, con el consiguiente “Tierra trágame” cuando te das cuenta que llevas toda la tarde haciendo el imbécil. Yo, según quien sea mi interlocutor, se lo hago notar o de lo contrario, le dejo que luzca su nueva criatura, aunque para esto último hay que tener una gran fuerza de voluntad de no mirársela directamente para que no se de cuenta. Y eso que es difícil no mirar, eh, que parece que se cae pero no, ahí está, agarrá como una lapa.

Para mi, las migajas están directamente relacionadas con mis primeras relaciones con el sexo contrario. Recuerdo a aquella mujer que nos hacía unos bocatas de pan imposibles, que cada vez que salía a preguntarnos si de chorizo o salchichón, aparecía con su imponente busto tipo María Antonietta Belluzzi –nunca con “tan poco”, se consiguió tanto-  lleno de migajas tras haber rebanado el pan sobre sus pechos.  No desvelaré si corrí igual suerte que el joven de la grandiosa Amarcord de Fellini, pero si que desde entonces tengo una fantasía sexual no resuelta. Y eso que lo intenté con mi mujer llenando la cama de migajillas de pan, pero se puso echa un basilisco con que si la estaba llamando albondiguilla y croqueta … y eso que aún no le había enseñado el huevo ….. batido.  





martes, 9 de marzo de 2010

La cata o el noble arte del engaño



"...  de dulzor de caña sobre un fondo de fruta madura que combina a la perfección con las notas ahumadas y de menta fresca ...... El resultado es cremoso, frutal, balsámico, perfumado y fresco con unas notas de elegante dulzor."   

¿A qué sea lo que sea, dan ganas de llevárselo a la boca? Pues ya te advierto que mejor no lo tomes en el desayuno pues lo aquí descrito no es otra cosa que "la cata" de un lingotazo de güisqui. Vamos! justo lo que uno piensa de un güisqui cuando le arrea el primer trago, que mas parece que te está dando una parálisis facial que disfrutando del sabor. 















Y es que ahora todo es catable. Basta unas piruetas lingüísticas de amplío espectro, y a lo que antes llamábamos "aguao"  ahora es amable, antes "que rascaba" ahora es de recorrido largo, antes estaba "pasao" y ahora es caído, antes un vino sabía a vino y ahora tiene mas frutas que la frutería de mi barrio, el pan sabía a pan y ahora no hace falta ni meterle la loncha de mortadela.

"Cata Comercial. Como engañar el paladar del cliente sin miedo a ser demandado" podría ser el título de una ponencia de notable éxito en las mas prestigiosas escuelas de negocios del mundo y donde asistirían todo tipo de personas que estuvieran relacionadas con la venta de todo aquello que se pueda llevar uno a la boca. Da igual lo que vendas, si le pones un envoltorio de palabras bien sonantes, llenas de deliciosas insinuaciones y alusivas a exquisitos momentos de ensoñación, puedes vender lo que te propongas y sin miedo a denuncias, porque ... quién cojones va a reclamar en un juzgado que no encuentra las aterciopeladas y elegantes notas balsámicas en el vino de moda y por el que le han soplao 100 eurazos?

A mi parecer existen tres tipos de cata, la mas o menos "inofensivas" con marcado ánimo de lucro de cualquier empresa y que aunque sepamos que todo es mentira, somos gilipollas y  compramos, la que intenta dar forma de cata con nefasto resultado, como aquel fabricante de sellos que nos recordaba el postgusto a madera y vainilla de sus estampitas y la del beneficio personal, últimamente tan aclamada y personificada por Maradona y John Cobra, de la que nos serviríamos para alardear de lo buenos que somos o de lo mucho que sabemos.

Y es que ahora todo el mundo sabe de cata, el otro día entré en un garito de esos que tienen la pared por lucir y con la fotografía en blanco y negro de algún nefasto actor -que es la línea entre tasca y "cool"- y su engominadísimo camarero, me cuenta que si quiero unos torreznos de un tocino de color blanco anacarado con vetas rosáceas cual pezón de pecho de novicia, con sutiles notas herbáceas y elegante postgusto a bellotas caídas parsimoniosamente de no mas de 2 metros de distancia sobre brillante rocío mañanero ... Yo, que otra cosa no, pero de romántico me caigo, apruebo la comanda y espero con ansiedad la llegada de semejante obra de arte. Con la fruición que el calor me dejó, tomé los torreznos de uno en uno en busca de aquello que me prometieron, pero no encontré ni bellotas, ni rocío y mucho menos tetas, tan solo el indescriptible sabor a pringue de toda la vida. Ni la mismísima reina de las meretrices haría mejor la descripción de una cata. 




lunes, 8 de marzo de 2010

El ataque de los panes....

... u otra alternativa a lo de la semillita, para contarle a tu hijo el tema de la reproducción.