lunes, 15 de marzo de 2010

Quítame allá esas ....migajas

La migaja es la unidad de menor tamaño de todo comestible que puede considerarse alimento. Se pueden clasificar según el número que posean, siendo en menor número unas migajillas,  para cuando están agrupadas en cantidad, pasar a ”ostia, como se ha puesto esto !”
Ni se crean ni se destruyen, se transforman y desplazan. Tú no sabes como (o si) y de repente, ya están allí. Si las intentas destruir mediante presión vertical con el dedo índice, tan solo conseguirás que se multipliquen y transformen en otras de menor tamaño, que se desplazarán allí por donde no puedas cogerlas, para que aparezcan cuando menos las esperas.

Mismamente uno de los errores de mayor gravedad y no por ello menos repetido, es aquel de por un “Uhmmm, que calentita…”, chascar el pico de la baguete recién comprada en el interior del coche. Esas migajillas que se reparten por los asientos, no volverán a salir jamás hasta que el coche no acabe con sus huesos en la fundición. Y ya verás como siempre, siempre, cada vez que busques una moneda caída, se te meterá la puñetera migajilla entre las uñas – con lo que eso duele-.

Una de las migajas mas traicioneras es la denominada “lapa”, que es aquella que se aposenta en la comisura de la boca y la luces allá por donde vayas, con el consiguiente “Tierra trágame” cuando te das cuenta que llevas toda la tarde haciendo el imbécil. Yo, según quien sea mi interlocutor, se lo hago notar o de lo contrario, le dejo que luzca su nueva criatura, aunque para esto último hay que tener una gran fuerza de voluntad de no mirársela directamente para que no se de cuenta. Y eso que es difícil no mirar, eh, que parece que se cae pero no, ahí está, agarrá como una lapa.

Para mi, las migajas están directamente relacionadas con mis primeras relaciones con el sexo contrario. Recuerdo a aquella mujer que nos hacía unos bocatas de pan imposibles, que cada vez que salía a preguntarnos si de chorizo o salchichón, aparecía con su imponente busto tipo María Antonietta Belluzzi –nunca con “tan poco”, se consiguió tanto-  lleno de migajas tras haber rebanado el pan sobre sus pechos.  No desvelaré si corrí igual suerte que el joven de la grandiosa Amarcord de Fellini, pero si que desde entonces tengo una fantasía sexual no resuelta. Y eso que lo intenté con mi mujer llenando la cama de migajillas de pan, pero se puso echa un basilisco con que si la estaba llamando albondiguilla y croqueta … y eso que aún no le había enseñado el huevo ….. batido.  





3 comentarios:

  1. Tremendamente ingenioso y divertido, D. José.

    Muchas gracias.

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  2. No me de las gracias Zuhur, mándeme mejor un giro questá la cosa mu mala. ;)

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  3. ji,ji,ja,ja, juas,juas..

    por decir algo más:
    Chesty morgan, se llama la generosa estanquera de Fellini.

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